El nombre aparece por primera vez en los registros chinos como el de un lugar al que los registros no llegaban. Meishan (梅山) era la tierra alta entre los condados actuales de Xinhua (新化) y Anhua (安化), y el capítulo de la Historia de los Song (宋史) sobre ella arranca con una frase plana: los hombres de las cuevas de Meishan, dice, no habían tenido comunicación con China. La geografía imponía el aislamiento —crestas del macizo Xuefeng, un territorio que en Anhua es un 82 por ciento montaña, pico tras pico por encima de los mil metros— y también las personas: los «hombres de las cuevas» de las crónicas, leídos hoy por lo general como yao, entre los descendientes de las poblaciones antiguas que llenaron los bosques de Hunan (湖南) antes de que llegaran los agricultores Han. El contacto, cuando llegó, se escribió con sangre: en 977 se registra que un ejército Song al mando de Zhai Shousu (蔡寿舒) capturó o mató a veinte mil personas de Meishan. Un siglo después, el Estado probó con la administración y en 1072 se abrieron las colinas y se fundaron dos condados de la misma campaña: Xinhua, «nuevamente transformada», y Anhua, «pacificada y transformada por la virtud». La cultura de montaña adoptó para sí el viejo nombre de la comarca, y lo ha conservado mucho después de que el nombre desapareciera del mapa.
Del diario
La cultura de montaña de Meishan
En las colinas de Xinhua y Anhua sobrevive, con el nombre de Meishan, una cultura de caza, hierbas y canto anterior a la colonización Han. Las montañas, las prácticas de la cultura y su presente son las tres caras de un modo de vida que el Estado Song abrió en 1072.
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Canto, medicina y caza
Lo que sobrevivió a la apertura es, en el fondo, un equipo de cazador bendecido por los dioses. La cultura Meishan se manifiesta, según sus cronistas, en la comida, el deporte, el ritual y la creencia, y su figura más distintiva es Zhang Wulang (张五郎), la divinidad ancestral de los cazadores, recordado como uno de los Siete Sabios de Meishan: un grupo de generales espirituales que la religión popular asoció al dios Erlang (二郎神) y que novelas de los Ming (1368-1644) como la Peregrinación al Oeste (西游记) llevaron a la literatura nacional. La caza es la columna vertebral de la cultura, y el paralelo vivo está en los hogares tujia de estas mismas montañas, entre quienes casi todas las familias mantuvieron una escopeta de caza hasta mediados del siglo XX y los niños aprendían la montaña en el camino, junto a sus padres. El conocimiento que acompañaba a la caza era herbolario y práctico —qué corteza detiene una hemorragia, qué hierba cura al ganado—, y dio lugar a artes que aún figuran como tesoros del condado: las artes marciales de Meishan y las canciones de montaña de Meishan que Xinhua cuenta entre sus productos únicos. La antigua religión sobrevive en la práctica de las aldeas, desde las enseñanzas Maoshan (梅山教) y los maestros rituales shigong (师公) hasta el daochang (道场) funerario y el «lavado de la tercera mañana» posterior a un nacimiento. Su panteón se remonta muy atrás: la leyenda del dios de la guerra Chiyou (蚩尤) se sitúa en la propia montaña Daxiong (大熊山) de Xinhua.
La cultura en el presente
La cultura se representa hoy ante los visitantes y envía a su gente a manejar las fotocopiadoras del país. El condado de Xinhua —1,2 millones de habitantes en el curso medio del río Zi (资水)— ha construido un itinerario turístico alrededor del nombre de Meishan: el Palacio del Dragón de Meishan (梅山龙宫), una cueva-muestra anunciada como maravilla de primera clase; las terrazas de Ziquejie (紫鹊界) trepando por las paredes del valle; la casa del soldado Luo Shengjiao (罗盛教); y las artes marciales y las canciones de montaña representadas junto a ellos. La economía base sigue siendo la agricultura —arroz en los valles, té y tabaco como cultivos de venta—, con carbón, cerámica y maquinaria en los pueblos industriales, y tres cuartas partes de la población del condado, según el relato local, descienden de colonos de Jiangxi llegados en las grandes olas que llenaron Hunan, una herencia que aún se oye en el habla local. La exportación más extraña es empresarial: según un estudio muy citado, la gente de Xinhua dirige el 85 por ciento de las tiendas de fotocopias e imprenta de China, una red de casi 200.000 trabajadores crecida desde los talleres de reparación de máquinas de escribir de los años sesenta, de modo que un acento de Xinhua tras el mostrador de copistería es un encuentro familiar en todo el país. Los programas de patrimonio mantienen las canciones y las artes marciales en escenarios y en los patios de las escuelas; lo que han cambiado es el público, de aldeanos que necesitaban los ritos a festivales comarcales que les venden entradas.
