El jardín de peonías de Caozhou se trazó en 1982 sobre 1,200 mu de terreno, y se describe como el mayor jardín de peonías del mundo. Dentro de Heze es el más grande de los jardines de peonías y el que tiene más variedades, una afirmación de peso en una ciudad que cultiva más peonías que cualquier otro lugar de China. Su nombre conserva Caozhou, la palabra que la ciudad llevó hasta 1735, cuando el reinado Yongzheng elevó Caozhou a prefectura y puso a su lado un condado con el nuevo nombre de Heze. El nombre viejo y el nuevo conviven así en la misma ciudad, y el jardín se queda con el primero. Es, por tanto, un trozo del nombre antiguo conservado en el paisaje: quien cruza la puerta entra en Caozhou, en la ciudad tal como se llamaba antes de 1735.
Del diario
El jardín construido en 1982
El jardín de peonías de Caozhou se trazó sobre 1,200 mu y se describe como el mayor jardín de peonías del mundo; la feria anual de la ciudad se celebra allí.
En la misma ciudad · Heze ↗Un jardín con un nombre más antiguo
Una ventana de diez días
El jardín es el escenario de la Feria Internacional de la Peonía de Heze, que se celebra una vez al año, cuando las flores se abren. La fecha no es cuestión de elección: una flor de peonía dura de siete a diez días, así que la feria es una ventana estrecha que se mueve con el tiempo, y el calendario primaveral de la ciudad se organiza en torno a ella. Los visitantes llegan por variedades que los cultivadores han conservado y cruzado durante generaciones, y las estaciones de investigación que hay detrás de los jardines se financian con fondos estatales, por lo que la colección es a la vez un espectáculo y una biblioteca viva de plantas. Fuera de temporada el jardín es un parque; en temporada es la razón por la que la gente va a Heze.
La flor en la mesa
Comer la flor forma parte de la temporada. El pastel de peonía de la ciudad se remonta, según la leyenda, a una fiesta de las flores en la que Wu Zetian, la futura emperatriz, llevó a una doncella a un jardín e hizo recoger cantidades de flores de muchos colores. De vuelta en el palacio, dice la historia, las hizo machacar con arroz y cocer al vapor hasta formar un pastel que llamó pastel de las cien flores, y lo regaló a los funcionarios. El nombre del pastel viene de aquellas flores recogidas, y el pastel se sigue haciendo aquí con la misma idea: pétalos en el relleno y un dulce que solo tiene sentido en las semanas en que los campos están en flor. Una flor que se abre, cae y acaba en la mesa: es la única parte de la economía de la peonía que se puede comer.