Del diario

Jinshanling: donde la Gran Muralla conserva sus ladrillos

Jinshanling recorre 10,5 kilómetros por una cresta del condado de Luanping, Chengde, con cinco pasos, sesenta y siete torres y tres torres de señales. Los constructores Ming empezaron la obra en 1570. Su primer tramo se ha devuelto a algo parecido a su estado original; hacia Simatai, la muralla se deja a la intemperie.

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La torre que eligieron las cámaras

Una torre cuadrada se alza en el antepecho de ladrillo, mirando cresta abajo. Este es el punto que la televisión estatal china filmó para el himno nacional que abre su emisión matinal, lo que lo convierte quizá en la obra de sillería más vista del país: una muralla que se aleja por la cresta, una torre con antepecho almenado y montañas detrás.

El tramo al que pertenece recorre 10,5 kilómetros por un espolón de los montes Yan, en la frontera entre el condado de Luanping, en Chengde, y el distrito de Miyun, en Pekín, a unos 125 kilómetros al noreste de la capital. Cinco pasos lo cortan; sesenta y siete torres se alzan a lo largo de la cresta; tres torres de señales están por encima. Hacia el oeste la muralla corre hasta Gubeikou, y hacia el este hasta la torre llamada Wangjinglou, cuyo nombre significa mirar hacia la capital, y luego hasta Simatai. A cierta distancia al oeste queda Mutianyu.

La muralla aquí no es una línea, sino una respuesta al terreno. Sube, baja escalonada hasta las colladuras, gira en torno a la cabecera de un valle y vuelve a subir, de modo que desde cualquier torre se ven las tres siguientes a distintas alturas. La obra de ladrillo del antepecho, las almenas por las que disparaban los arqueros, es el elemento que da fama al tramo. Donde la muralla se ha reparado, las hiladas son regulares y los bordes vivos. Donde no, los mismos ladrillos están redondeados, el mortero ha desaparecido y la hierba crece entre las juntas.

Los años 1570 en la línea del norte

La construcción comenzó en 1570, en el reinado del emperador Longqing, y continuó en el período Wanli. La muralla de aquí era la línea del norte del estado Ming, y se construyó para sostener los pasos entre Gubeikou y la costa.

La década de 1570 fue de trabajo intensivo a lo largo de toda la frontera. En Shanhaiguan, muy al este, el general Qi Jiguang, nombrado comandante de las defensas de Ji y Liao, añadió veintitrés bastiones a lo largo de la línea del paso, y en 1570 construyó catorce túmulos de señales que corrían hacia el interior desde el paso. Las torres de Jinshanling pertenecen al mismo programa de fortificación.

Cinco pasos, sesenta y siete torres y tres torres de señales son la cuenta de un solo tramo: infraestructura más que monumento, y la declaración de 1988 protege la muralla, sus torres y sus pasos como una unidad.

El tramo fue declarado por el Consejo de Estado en enero de 1988, en el tercer lote de reliquias culturales nacionales clave. Es también área escénica nacional y área escénica de categoría 5A. La Gran Muralla misma había sido inscrita en la lista del Patrimonio Mundial en 1987, uno de los cuatro bienes de Hebei, junto con la residencia de Chengde, el Gran Canal y los dos conjuntos de tumbas Qing.

Lo que sobrevive es un sistema y no un monumento: torres de señales que llevaban mensajes por la cresta, torres de guarnición que guardaban pertrechos y hombres, y pasos donde el camino cruzaba la línea de la muralla.

Dos estados de una misma muralla

La restauración en Jinshanling no es uniforme, y la diferencia es lo más interesante del lugar. El tramo inicial se ha devuelto a su estado original. Hacia el este, camino de Simatai, la muralla se degrada hacia su estado natural: el antepecho pierde su línea, la muralla pierde su superficie y en algunos puntos se convierte en una cresta de escombros sujeta por raíces y tierra. El tramo mide 10,5 kilómetros, y el paso de la piedra reparada a la piedra erosionada ocurre en unos pocos kilómetros.

Ese gradiente es poco común. La restauración suele presentar una sola superficie, de modo que el visitante ve un edificio o una ruina. Aquí ambos son continuos, unidos por unos kilómetros de sendero, y la unión es legible. Plantea además la pregunta que la conservación no puede evitar: una muralla reparada deja de ser una ruina, y una muralla no reparada deja de ser una muralla.

El Consejo de Estado declaró el tramo reliquia cultural nacional clave en enero de 1988. Siguieron la categoría 5A y la designación de área escénica, y con ellas un teleférico hasta el punto más alto de la muralla. Las imágenes del himno nacional rodadas en el antepecho de ladrillo recuerdan que la imagen de la muralla hoy se produce además de conservarse.

El argumento de la muralla fue siempre la visibilidad: ser vista de lejos y ver de lejos. En la cresta las dos direcciones se encuentran, y las torres, espaciadas para que cada una pueda señalar a la siguiente, son la prueba.

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