El giro de cabeza de una marioneta puede resultar más absorbente que un salto espectacular. Por un instante, un rostro tallado parece reparar en algo. Un pie parece recibir peso. La tela sigue el movimiento con el retraso justo para sugerir un cuerpo debajo. Las marionetas de hilos de Quanzhou hacen legibles esos cambios diminutos y permiten que la madera, el traje y los miembros suspendidos se conviertan en un personaje.
La palabra «marioneta» ayuda a explicar el mecanismo básico: la figura se maneja desde arriba mediante hilos. Es distinto del títere de mano o de guante, en el que la mano de quien lo anima trabaja dentro de la figura. Fujian alberga ambas tradiciones. En el teatro de hilos de Quanzhou, unas líneas atraviesan el espacio entre intérprete y marioneta y pueden quedar a la vista sin romper la ilusión. Saber cómo se produce el movimiento suele aumentar el placer de verlo.
