Una casa con un campo detrás Detrás del sendero de visitantes de una de las tres aldeas, una casa mira a un campo pequeño. Un muro bajo separa el campo del callejón, y una puerta se abre a los dos. El recorrido de los visitantes es fijo; el de la casa no. La disposición es doméstica y no monumental: casa, patio, campo, camino, en ese orden. Los visitantes pasan cerca por el recorrido fijo, y la casa sigue trabajando. La escena es corriente, y eso es lo que la hace digna de describirse. La aldea no es una pieza dispuesta para el parque. Es un lugar donde el día todavía empieza con tareas, y la ruta turística es solo el camino más reciente que la atraviesa.

Nueve nombres, tres aldeas Jiuzhaigou significa nueve aldeas. El parque repite la cuenta, y la cuenta es ahora mayor que el lugar: solo quedan tres aldeas dentro de la zona paisajística. El nombre conserva una cifra que el mapa actual no tiene. No es un detalle menor. Un nombre construido sobre una cuenta convierte un paisaje en un registro de asentamiento, y el registro está incompleto. El parque usa la cifra como nombre, no como inventario. Las tres que quedan son las familias dentro del límite, y sus campos y tejados forman parte del valle que el parque protege, no un accesorio de los lagos. El nombre y el mapa no coinciden, y el valle vive con ambos.

Los límites La vida dentro de un parque nacional está acotada. La construcción está restringida, el cultivo está restringido y el recorrido de los visitantes es fijo. Las familias que quedan han aceptado un conjunto de reglas que resultarían ajenas en una aldea corriente: dónde puede levantarse un muro, dónde puede ampliarse un campo, qué camino puede tomar un huésped. El parque dice que el turismo es hoy la economía principal del valle, y las reglas forman parte de ese arreglo. El trato no es solo dinero. Es también la negociación diaria entre un patio privado y una ruta pública, entre un campo que necesita trabajo y un autobús que necesita horario. La aldea sobrevive dentro de esa negociación, no fuera de ella.

Una aldea, no un diorama La diferencia entre una aldea y un diorama no son los edificios. Es si el trabajo es real. Un diorama no tiene barro en el camino, ni herramientas dejadas fuera, ni nadie que tenga que terminar antes de que oscurezca. En las aldeas el trabajo es real, pero también está a la vista, y las dos condiciones interfieren. Una familia puede reparar un tejado porque tiene goteras y porque el tejado se ve. Las seis maravillas del parque incluyen la cultura tibetana, una frase que convierte una forma de vida en un rasgo del paisaje. La frase no es falsa. Es simplemente demasiado lisa. La pregunta mejor es si los campos se siguen sembrando y las casas se siguen reparando para usarse.