Un agujero hecho dejando caer una herramienta El trépano era una pieza pesada de hierro colgada de una cuerda. Los operarios la subían y la dejaban caer, una y otra vez, girando el agujero despacio mientras la roca se rompía. Shenhai se terminó en 1835 a 1.001,42 metros con este método de percusión. La torre que se alza sobre él mide 18,4 metros, está construida en madera y se refuerza con riostras, al modo de una torre. El pozo daba gas natural y salmuera negra, una combinación poco común que hacía el sitio valioso por partida doble.

Cocer y rastrillar La salmuera subía en tubos de bambú y se llevaba a la sala de cocción. Allí se calentaba en pailas poco profundas de hierro hasta que el agua se evaporaba y la sal podía rastrillarse. El sitio llegó a tener más de ochenta pailas; ocho siguen en uso y producen unos 2.500 kilos al día. Los edificios se alinean: torre y nave de machaqueo, casa del torno, sala de cocción, almacén. Es una fábrica compacta de antes de que existiera la palabra.

La misma ciudad, otro oficio La otra industria invernal de Zigong es la luz. La ciudad tiene más de cien mil artesanos de faroles, y el festival anual llena los parques de grandes estructuras iluminadas. El proceso se parece más a la escultura que al cableado: diseño y dibujo a tamaño natural, una armadura soldada, tela tensada y pegada por secciones, y después pintura. La sal y los faroles no son cosas ajenas. Ambas dependen de manos expertas, de una economía de talleres y de una temporada en la que la ciudad se llena de visitantes.