Una lluvia cruza el lago del Oeste. Las colinas se suavizan y la ciudad palidece en la otra orilla. Los sauces se inclinan hacia el agua; una larga calzada lleva los pasos hacia el lago.
Generaciones han añadido nombres, poemas e historias a este paisaje. Un puente guarda un paraguas prestado; una pagoda, el deseo de una mujer que fue serpiente. En la calzada Su, el nombre de un poeta se convierte en camino.
Más allá de la orilla
El lago está en Hangzhou, al este de China, entre colinas por tres lados y la ciudad por el cuarto. Islas, riberas y árboles crecieron con siglos de cuidado humano. Detrás, los senderos alcanzan templos y jardines de té. El panorama se acerca hasta caber en una hoja que se abre en un vaso.
