Del diario

Las muchas creencias de Quanzhou: leer un puerto a través de sus objetos

Salas budistas, inscripciones islámicas y fragmentos de piedra hindúes revelan distintas formas de presencia religiosa en la historia marítima de Quanzhou.

Una sala, un portal, un fragmento tallado

El patio de un templo budista, la entrada de piedra de una mezquita y un bloque tallado en un museo ofrecen tres encuentros muy diferentes. El primero puede seguir siendo un lugar de culto. El segundo conserva el contorno de un edificio transformado. El tercero ha sido trasladado desde la estructura para la que se creó. Quanzhou reúne estas formas de memoria religiosa lo bastante cerca como para compararlas sin hacerlas idénticas.

Para quien no conoce la historia religiosa de China, un primer paso útil es simplemente distinguir los nombres. El budismo, el islam, las tradiciones hindúes y el maniqueísmo tienen historias, textos y prácticas diferentes. Sus huellas aquí pertenecen a una ciudad comercial conectada con comunidades de fuera de China, y a una sociedad local que también dio forma a cuanto llegaba. Los objetos permiten concretar aquel vasto intercambio.

Los edificios siguen viviendo después de su fundación

El templo Kaiyuan sigue siendo un centro religioso budista. Su prolongado uso da al lugar un ritmo distinto al de una sala de museo: la arquitectura acoge reuniones, rituales y actos de devoción que se repiten. La mezquita Qingjing, fundada en 1009 y sometida a una importante reparación en 1310, conserva otra historia religiosa y arquitectónica. Su portal de piedra y las estructuras que perduran invitan a atender a las inscripciones, la orientación y los cambios que atraviesa un edificio a lo largo de los siglos.

Las fechas de fundación son puntos de partida, no etiquetas para todo lo visible. Las reparaciones pueden conservar un lugar transformándolo. Una cubierta nueva, una pieza sustituida o una disposición modificada forman parte de una historia continua de cuidado y uso. Por eso resulta especialmente enriquecedor leer los edificios religiosos de la ciudad por capas. No se trata solo de saber qué fe llegó primero, sino quién mantuvo vivo el significado de un lugar y cómo fue cambiando su forma material.

Edificios de un santuario de ladrillo rojo, con tejados curvos de teja, ante una ladera rocosa.
Cao’an, el santuario maniqueo de la colina Huabiao, en Jinjiang.

Una segunda vida para la piedra

En Kaiyuan, unas columnas hindúes talladas se incorporaron a un edificio budista. Otros fragmentos arquitectónicos hindúes pertenecen a las colecciones de los museos de la ciudad. Su desplazamiento pone de relieve una distinción importante: la historia de un objeto puede continuar después de desaparecer la institución que lo encargó. La reutilización conserva las imágenes, pero cambia el marco que las rodea.

Una columna transmite varios tipos de información a la vez. Su forma sugiere una función estructural; su talla identifica una tradición visual; su emplazamiento posterior cuenta una historia de selección y adaptación. Merece la pena observar la pieza entera antes de centrarse en una figura reconocible. ¿Estaba pensada la talla para mirar hacia fuera? ¿Cómo encaja en su entorno actual? Estas preguntas relacionan el arte con la construcción y la reutilización, en vez de tratar cada motivo poco familiar como una decoración exótica caída en la ciudad.

Conexiones que conservan las diferencias

Cao’an, en Jinjiang, dentro del municipio de Quanzhou, alberga un relieve de Mani fechado en 1339. Con él, el maniqueísmo, una religión cuyas raíces se encuentran muy al oeste de China, entra en la misma historia regional. Su lenguaje visual, familiar en el ámbito local, ofrece otra manera de pensar cómo adquirieron forma material las ideas religiosas después de viajar.

En conjunto, estos lugares revelan una diversidad extendida en el tiempo. También contienen ausencias, cambios de uso y supervivencias desiguales. La historia religiosa de un puerto es más rica que una imagen intemporal de concordia universal: las comunidades prosperaron en circunstancias concretas y sus edificios y objetos tuvieron destinos posteriores diferentes. En un espacio religioso vivo, hay que dejar sitio a los fieles; en un museo, conviene buscar la procedencia original del objeto además de su fecha. Estos dos hábitos hacen lugar tanto a las personas del presente como a las complejas vidas de las cosas del pasado.

Una figura monumental de Laozi sentado, tallada en piedra y rodeada de árboles verdes.
La escultura rupestre de Laozi en la montaña Qingyuan, Quanzhou.
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Créditos y derechos de las fotografías
  1. Cao’an, el santuario maniqueo de la colina Huabiao, en Jinjiang.泉州市人民政府 · Estado de derechos no determinado Fuente de la foto ↗ Se conserva la proporción original. Las copias de visualización solo se reducen cuando es necesario, sin ampliación, recorte ni retoque.
  2. La escultura rupestre de Laozi en la montaña Qingyuan, Quanzhou.泉州市人民政府 · Estado de derechos no determinado Fuente de la foto ↗ Se conserva la proporción original. Las copias de visualización solo se reducen cuando es necesario, sin ampliación, recorte ni retoque.