Agujeros cuadrados La primera prueba del viejo camino es una fila de agujeros cuadrados en el acantilado, abiertos a una altura uniforme sobre el Jialing. Sostenían las vigas de una pasarela de tablones, un camino clavado a la roca donde no había orilla para construir. Los agujeros están vacíos ahora, y eso es lo que los hace legibles: se ve la línea que siguen, cómo mantiene su nivel y los puntos donde la roca la obligó a subir o bajar. Mingyue es un tramo de la garganta del Jialing en Chaotian, Guangyuan, y el acantilado se ha usado como camino desde hace mucho tiempo. Los agujeros son la letra escrita del camino, la que quedó cuando la madera se pudrió o fue retirada.

Un museo de métodos El sitio se presenta como un museo de los caminos de China, y la frase es más exacta de lo que suena. En poca distancia la garganta muestra varias soluciones a un mismo problema: cómo mover personas y mercancías a lo largo de un río sin terreno llano. La pasarela es la respuesta visible más antigua, excavada y anclada en el acantilado. La carretera moderna es la más reciente. Cada ruta tiene su ingeniería y su manera de tratar el agua. Un museo suele coleccionar objetos. Este colecciona métodos, y la colección es la garganta misma. Por eso el sitio se lee como un argumento y no como una vitrina, y por eso la carretera es la última frase del argumento.

Un corredor estrecho Las carreteras modernas y el ferrocarril de Baoji a Chengdu atraviesan la misma garganta. Esa convivencia es el tema real del sitio. El ferrocarril necesitaba una pendiente, la carretera necesitaba anchura, el río mantuvo su cauce. El resultado es un corredor estrecho donde se apilan varios tipos de ruta y donde el sonido de un tren o de un camión llega antes que la cosa misma. De pie en el sendero se oye un tráfico que no se ve, y luego aparece al otro lado de la garganta. El camino antiguo no se conserva aislado. Se conserva en medio del tráfico que lo sustituyó. La garganta es lo bastante estrecha para que un tren y un camión se oigan en la misma respiración.

Leer un corredor Este es un lugar para leer y no para admirar. El acantilado da la dimensión vertical, el río la horizontal y los caminos el argumento. Lo viejo y lo nuevo se ven juntos, lo que es raro: la mayoría de los sitios patrimoniales retiran la infraestructura que los volvió obsoletos. Aquí la infraestructura es vecina de la pieza expuesta, y la vecina es ruidosa. El sendero es corto, y la visita consiste sobre todo en mirar al frente y hacia abajo. Lo que queda es la proporción, la línea fina de la pasarela contra un acantilado que no ha cambiado y la facilidad con que una carretera moderna ocupa el mismo espacio. Aquí nada está dispuesto para una fotografía, y por eso el lugar se recuerda como un sonido.