Los españoles construyeron en Tamsui un fuerte de madera en 1628 y lo llamaron Santo Domingo. Los neerlandeses tomaron el sitio en 1642 y lo reconstruyeron en piedra dos años después como fuerte Antonio. Como los residentes han llamaban pelirrojos a los neerlandeses, el edificio pasó a conocerse como Hongmao Cheng, el fuerte de los pelirrojos. Los Qing lo repararon en el siglo XVIII, y desde 1867 los británicos lo arrendaron como consulado y añadieron junto a los muros una residencia de dos plantas. El fuerte permaneció en manos británicas hasta 1972. Hoy es un monumento histórico nacional, con la torre principal, la residencia del consulado y una puerta sur en un mismo recinto. Los muros son gruesos, el recinto es pequeño, y la vista desde la muralla abarca la desembocadura y el mar más allá.
Del diario
La desembocadura en Tamsui
Un fuerte, un consulado, las escuelas de un misionero y una calle vieja miran al mar donde termina el río Tamsui.
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Las escuelas de Mackay
George Leslie Mackay, misionero presbiteriano canadiense, llegó a Tamsui en 1872 y se quedó el resto de su vida. Abrió en 1882 una escuela para predicadores, que creció hasta ser el Oxford College, y fundó una escuela para niñas y un hospital. El edificio del colegio sigue en la colina sobre la calle vieja, una arcada de ladrillo con campanario. Mackay escribió From Far Formosa, donde dejó constancia de sus años en Taiwán, y recorrió el norte de Taiwán predicando y sacando muelas. Su obra se recuerda menos por la doctrina que por las instituciones que dejó: escuelas, un hospital y una iglesia que todavía forman parte del pueblo. El colegio y la cercana iglesia presbiteriana abren a los visitantes en horarios fijos.
La calle vieja y el transbordador
La calle vieja de Tamsui baja de la estación de metro al río. Vende huevos de hierro, albóndigas de pescado, hielo raspado y pasteles, y se llena al atardecer, cuando la luz llega sobre el agua desde el estrecho de Taiwán. Abajo, el transbordador cruza a Bali, en la otra orilla, y los barcos de pesca se amarran a lo largo del muelle. Más al norte, el Muelle del Pescador y su Puente de los Enamorados quedan a un paseo en tranvía o autobús. La calle vieja no es un decorado conservado: es una calle comercial en activo, con un templo en un extremo y un mercado en el otro. El pasado está en los callejones laterales, donde el consulado, el colegio y el fuerte se alzan sobre las tiendas, cada uno en su pequeña colina.

