Del diario

La imprenta de Narthang: bloques y cuidado de los textos

Las ediciones del canon de Narthang y un retrato xilográfico del cuarto Panchen Lama muestran cómo los bloques transmitieron textos e imágenes a lo largo de generaciones.

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Un monasterio conocido por sus bloques

Narthang fue fundado en 1153 por Tumton Lodro Drakpa como monasterio kadampa en Tsang. Los relatos históricos lo recuerdan por su imprenta y su extensa colección de bloques de madera; en el siglo XVII se convirtió en una filial de Tashilhunpo. La impresión formaba parte de la vida monástica. Un bloque era un objeto tallado, un bien que debía conservarse y un medio para reproducir un texto. El trabajo reunía a talladores, lectores y custodios con las tareas continuas de enseñanza y ritual. Las palabras grabadas en madera podían imprimirse una y otra vez sobre papel, llevando el conocimiento más allá del tiempo y el esfuerzo de un copista.

Una edición del canon del siglo XVIII

En el siglo XVIII, Narthang era uno de los tres centros tibetanos de impresión —junto con Chone y Derge— que produjeron una edición completa del canon budista. Las bibliotecas de la Universidad de Columbia datan su conjunto de Narthang entre 1730 y 1732 y señalan que siguió un canon anterior, el «Antiguo Narthang», compilado en el siglo XIII e indexado por el erudito Bu-ston a comienzos del XIV. El proyecto se vinculó así con una tradición anterior de reunir y organizar textos. Los talladores grababan cada página en madera y luego podían imprimirla repetidas veces en papel. Cada hoja conservaba el trabajo del tallador y pasaba a formar parte de una edición que podía circular.

El Panchen Lama en líneas talladas

Los bloques también transmitían imágenes. El Rubin Museum identifica un retrato xilográfico del cuarto Panchen Lama, Lobsang Chökyi Gyaltsen, producido en Narthang durante el segundo cuarto del siglo XVIII. Pertenecía a una serie de encarnaciones anteriores y podía imprimirse en papel; otra versión adaptó el mismo diseño a una tela pintada. Una composición tallada generaba así más de un objeto y material. La imagen viajaba gracias a un diseño reproducible, mientras cada impresión o tela conservaba las marcas de su propio soporte. La imprenta de Narthang transmitía tanto textos como imágenes en distintas formas.

Un libro hecho para guardar y transportar

El conjunto de Columbia permite apreciar la escala física del canon. Los folios miden en promedio unos 7,5 por 30 pulgadas; telas rojas y amarillas los envuelven, y tablas de pino pintadas protegen los volúmenes. El registro de la biblioteca indica que la familia Horch donó el conjunto a Columbia en 1955, tras adquirirlo de Nicholas Roerich durante su expedición por Asia Central de 1925–1928. El bloque tallado, la hoja impresa y el volumen armado conservan etapas diferentes de la tradición. En Narthang, los bloques permitían imprimir muchas veces; el conjunto superviviente muestra que el libro impreso también es un objeto sustancial, hecho para guardarse, transportarse y leerse.

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