Del diario

Cada tres horas, el farero volvía a subir

Desde una cerilla apagada por el viento marino hasta un trayecto de seis horas al hospital y el regreso a la torre, el relato de Wang Guangmin muestra el trabajo detrás de la luz del cabo Lingao.

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Una cerilla debía resistir el viento marino

En 1969, Wang Guangmin llegó al faro del cabo Lingao desde la aldea de Changong, en el municipio de Lincheng. Tenía 27 años. En lo alto de la torre colgaba una lámpara de queroseno; la primera tarea consistía en abrir su pesada cubierta y encenderla con una cerilla. El viento marino apagaba la llama una y otra vez. El relato muestra el trabajo a escala de una mano: proteger una pequeña llama hasta que prendiera y confiar en que el esfuerzo de una noche enviaría luz hacia el acceso occidental del estrecho.

La noche se dividía en subidas cada tres horas

El antiguo mecanismo se daba cuerda a mano. Al anochecer, Wang subía para encender la lámpara; durante la noche volvía cada tres horas a tensarlo para que el farol siguiera girando. Al amanecer subía una vez más para apagarlo. Dormía en fragmentos entre alarmas. El faro era un instrumento de navegación, pero su continuidad dependía de que una persona repitiera el mismo recorrido corporal por la torre mientras los barcos cruzaban un canal oscuro.

Un andamio roto no puso fin al trabajo

Wang mantenía la torre por sí mismo y subía cada vez que encontraba óxido. Durante una reparación montó un andamio de bambú alrededor de ella y ascendió quitando el óxido y repintando la estructura. El andamio se rompió en el segundo nivel; cayó desde más de cinco metros. Como no había carretera hasta el faro, unos soldados lo llevaron en camilla durante once kilómetros de tierra roja y embarrada antes de alcanzar una vía. El trayecto hasta un hospital de Haikou duró más de seis horas. El reportaje registra la lesión como un coste oculto de la infraestructura: antes de que llegaran las carreteras al cabo, incluso un rescate exigía un largo recorrido terrestre.

Tras la caída, hizo el equipaje y regresó

Cuando Wang volvió del hospital, su esposa le preguntó si aún regresaría al faro. No respondió: preparó sus cosas y caminó hacia la torre. El reportaje dice que reanudó la limpieza del óxido. En la década de 1990, el equipo eléctrico sustituyó el mecanismo antiguo y puso fin a la rutina de dar cuerda cada tres horas. Wang se jubiló en 2001 y completó un año de reincorporación laboral antes de marcharse en 2002. Ese mismo año, su hijo Wang Jian regresó de trabajar en Yangpu con su esposa y su hijo. La tecnología de la lámpara cambió; el vínculo de la familia con la estación continuó en otra generación.

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