Una casa de planchas
La imprenta se estableció en 1729, aunque los gobernantes de Dege encargaban planchas e impresiones desde 1703. Se convirtió en la primera de las tres grandes imprentas de la región tibetana. El edificio es alto y estrecho, con galerías abiertas alrededor de un patio. Las planchas se guardan en estantes que van del suelo al techo, ordenadas por texto. El aire huele a tinta, madera vieja y polvo. La luz entra por el patio, porque las galerías son demasiado estrechas para tener ventanas.
Papel de una raíz venenosa
El papel se hace con la raíz de Stellera chamaejasme, una planta tóxica para los insectos. La fibra se cuece, se bate y se vierte en un marco, un método descrito como sistema de papel vertido. El resultado es ligero, resistente y poco atacado por los insectos. Las planchas se cortan de abedul rojo, se curan, se ahúman, se hierven y se secan, y luego se tallan en relieve profundo. La profundidad permite entintar e imprimir una plancha muchas veces sin perder el texto. Los materiales no son detalles románticos; son la razón por la que los libros perduran.
Tinta, rodillo y una mano firme
La impresión se hace por parejas: una persona entinta la plancha, otra coloca el papel y lo presiona con un rodillo, y después levanta la hoja. El trabajo es rápido y silencioso. La imprenta estuvo cerrada unos veinte años a partir de 1958 y reabrió en 1979; el oficio fue inscrito como patrimonio inmaterial nacional en 2006. Hoy un equipo pequeño mantiene vivo el proceso, y la imprenta también produce sutras e historias para monasterios y bibliotecas. Es un taller, no una demostración.