Siete li de losas y las manos que giran la arcilla
Un paseo por la villa de porcelana Jun de Shenhou, que termina en un taller abierto donde se cuece una pieza ante los ojos del visitante.
La presentación que Xuchang hace de sí misma la coloca en el centro de la llanura central, a ochenta kilómetros de Zhengzhou y a cincuenta del nuevo aeropuerto internacional, con ocho autopistas que se cruzan allí. El nombre data del 221 d. C., cuando Cao Pi, citando a su padre, rebautizó el condado porque «los Han perecieron en Xu, los Wei prosperan en Xu». La misma página del condado rastrea los lugares pequeños que se volvieron grandes: Yangzhai, la antigua sede del soberano de los Xia, luego llamada Junzhou y rebautizada Yuzhou en 1575. Lo que sobrevive en la ciudad no es una ruina sino un conjunto de escenarios en activo: la residencia de un primer ministro que representa un combate de espadas cada noche, una torre iluminada para una fiesta en el jardín y una villa de hornos donde la arcilla se sigue torneando a mano.
Un paseo por la villa de porcelana Jun de Shenhou, que termina en un taller abierto donde se cuece una pieza ante los ojos del visitante.
Una calle de siete li de tiendas de porcelana Jun en una hondonada de montañas, con los talleres abiertos al visitante.
Un barrio amurallado dentro del foso de Xuchang, donde la historia de los Tres Reinos se representa cada noche a tres escalas distintas.