Beitou está al pie del grupo volcánico de Datun, y la tierra todavía está caliente. El vapor sube de las fumarolas del Valle Termal y se desplaza sobre el río Beitou; el agua es ácida y lleva azufre, y las piedras del cauce están manchadas de amarillo y blanco. Los ketagalan, que vivían aquí antes del asentamiento han, llamaban al lugar Kipatauw, que significa bruja, porque el valle parecía humear por sí solo. El azufre se extraía y se comerciaba antes de la llegada de españoles y neerlandeses. En 1697 el funcionario Qing Yu Yonghe vino a Beitou a comprar azufre y escribió sobre el valle en su relato de viaje. El olor, el calor y el color de la roca son los mismos hechos que registraron los primeros visitantes.
Del diario
Vapor en el valle
Las fuentes de azufre de Beitou lo convirtieron en balneario de época japonesa. El baño público de 1913 es hoy museo, y el valle todavía huele a piedra caliente.
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La casa de baños y el balneario
En 1896, el comerciante Hirata Gengo, de Osaka, abrió en Beitou la posada termal Tengu-an. El baño público, construido en 1913, cayó en desuso. Los vecinos impulsaron su conservación y restauración: fue declarado sitio histórico el 20 de febrero de 1997 y reabrió como Museo de las Aguas Termales de Beitou el 31 de octubre de 1998. La antigua sala de baños ocupa la planta baja y arriba hay una sala de tatami.
Lo que guardan ahora los callejones
Beitou es hoy un distrito residencial donde sigue viva la tradición termal. Los alojamientos van de antiguas posadas de madera a grandes complejos termales modernos, y el baño público del parque de Beitou sigue teniendo un precio asequible. El museo presenta la geología local y la historia del balneario durante la época japonesa; el cercano Centro Cultural Ketagalan cuenta una historia más antigua. En la parte alta del valle, el Valle Termal está vallado por seguridad; el vapor se distingue mejor en las mañanas frescas. Junto al río, las callejuelas antiguas son estrechas y empinadas, y por sus canales corre agua caliente. Se pide a los visitantes que no toquen el agua en el manantial y que respeten las normas de cada baño: está lo bastante caliente como para causar quemaduras. En Beitou, el calor geotérmico sigue formando parte de la vida cotidiana.
