Desde el valle, el Potala puede parecer un único edificio inmenso. Una mirada más atenta distingue muros blancos, volúmenes de rojo oscuro y construcciones menores que se escalonan sobre la Colina Roja. La roca hace más que sostener la arquitectura: su forma explica las terrazas y por qué distintas partes aparecen o desaparecen al cambiar el punto de vista.
Los nombres Palacio Blanco y Palacio Rojo ofrecen dos referencias iniciales. Designan partes conectadas del complejo. Amplias superficies claras, masas rojas concentradas y tejados reunidos en la cima dan a la silueta conocida un ritmo cambiante.
