En el valle del río Dulong, los tatuajes faciales se convirtieron en una de las marcas más visibles asociadas con las mujeres Dulong. El archivo del Museo Digital del Patrimonio Cultural Inmaterial de China conserva relatos de ancianas, fotografías y descripciones del procedimiento. Una mujer recordó que una pariente mayor la tatuó cuando tenía alrededor de quince años: mezclaron con agua el hollín de una olla, una ramita puntiaguda trazó el diseño y los golpecitos repetidos dejaron marcas azul oscuro en la piel. Los detalles pertenecen a un testimonio oral concreto, no a un guion universal que todas las mujeres siguieran de la misma manera.
El archivo sitúa la práctica en un periodo de cambio. Después de la fundación de la República Popular China, los tatuajes faciales dejaron de hacerse gradualmente y ya no se esperaba que las mujeres jóvenes los recibieran. Distingue los diseños «completos», más extensos, de los diseños «parciales», más pequeños, y registra diferencias entre mujeres. Por tanto, la imagen histórica no es un diseño fijo, sino un conjunto de experiencias personales recordadas por las ancianas.