Una taza de té de jazmín de Fuzhou reúne dos plantas con funciones distintas. El té verde ya elaborado aporta la hoja; el jazmín fresco, la fragancia. El oficio consiste en preparar su encuentro y gestionar después lo que ocurre mientras están juntos. Un puñado de pétalos secos no basta para explicar el proceso.
El té ya es un material trabajado antes de empezar la aromatización. Las flores conservan suficiente vitalidad para responder al entorno y abrirse después de la recolección. Un ingrediente debe estar preparado para recibir el aroma, mientras el otro debe alcanzar el momento adecuado para liberarlo. Precisamente esa diferencia de estado hace exigente el trabajo. Quien lo elabora coordina dos materiales, en lugar de limitarse a mezclar dos sabores.

