En 1980, los obreros que construían la parte trasera de la estación de ferrocarril de Taitung encontraron un cementerio de ataúdes de pizarra. Algunos ataúdes aún contenían cuerpos. Junto a ellos había miles de objetos: adornos de jade, cerámica, herramientas y armas de piedra. Los arqueólogos llegaron a registrar más de 1.600 enterramientos en el yacimiento y unas 20.000 piezas. Es el sitio prehistórico más grande y completo hallado en Taiwán, y pertenece a una cultura que floreció en la terraza sobre el río Beinan hace varios miles de años. Las obras se detuvieron y el lugar quedó protegido.
Del diario
El cementerio bajo la estación
En 1980, las obras del ferrocarril en Taitung dejaron al descubierto un cementerio prehistórico de ataúdes de pizarra. Hoy el lugar es un parque y un museo.
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Jade y pizarra
Los objetos más llamativos de Beinan son los adornos de jade: anillos, cuentas, piezas tubulares y figuras de animales, algunos de ellos intercambiados mucho más allá del yacimiento. Los ataúdes de pizarra se hicieron con losas finas de piedra local, colocadas en el suelo en hileras. El yacimiento también dio cerámica con decoración incisa y herramientas de piedra para la agricultura y la caza. Las piezas muestran una comunidad sedentaria con especialistas artesanos, intercambio a larga distancia y ritos funerarios complejos. El primer registro escrito del lugar lo hizo el antropólogo japonés Torii Ryūzō, que fotografió las piedras erguidas a principios del siglo XX.
El parque y el museo
El yacimiento arqueológico abrió como parque en 1997, con una exposición de piedras erguidas y una zona al aire libre donde se aprecia la escala del poblado. El Museo Nacional de Prehistoria, a pocos kilómetros, abrió en 2002 y conserva muchas de las piezas. El sitio figura, junto con el monte Dulan, en la lista de sitios potenciales de Patrimonio Mundial de Taiwán. La historia posterior de Taitung se superpone: los pueblos puyuma y amis, las administraciones qing y japonesa, y el ferrocarril que reveló el cementerio por accidente. Una visita dura una hora y cambia la manera de mirar la ciudad.


