La forma y los colores intensos permiten reconocer al actor desde lejos. La ópera tibetana incluye también canto popular, narración, recitación y danza; la máscara le da un rostro distinto del cotidiano.
Según la UNESCO, un narrador conduce la obra, los actores representan la historia y varios grupos los acompañan con canto y movimiento. La máscara forma parte de un relato en desarrollo, cuyo sentido avanza con la voz y la acción.

