El río Li suele presentarse mediante una composición equilibrada de agua y picos. Un recorrido por su corredor ofrece algo distinto: relaciones que cambian continuamente. Una colina en primer plano puede ocultar otra; una curva separa formas que antes parecían unidas; una vista amplia puede estrecharse hasta convertirse en un paso entre terrenos elevados. El paisaje se despliega como una secuencia, no como un encuadre definitivo.
El corredor fluvial incluye lugares distintos y actividades reguladas. El acceso sigue rutas concretas y normas locales. Desde un punto de vista permitido, las relaciones cambiantes entre las escenas son tan reveladoras como el panorama conocido.


