La pagoda de Longhua se eleva sobre el recinto del templo como un hito octogonal de siete pisos, construido en ladrillo y madera, de unos cuarenta metros de altura. Reconstruida durante la dinastía Song, gana altura mediante una sucesión de niveles cada vez más estrechos. Desde lejos, los tejados superpuestos ofrecen al barrio una referencia vertical clara; de cerca, cada piso revela un patrón de aberturas y nichos distribuidos en sus ocho lados.
Al seguir con la mirada los aleros, el perfil se vuelve más complejo: los tejados salientes proyectan una franja de sombra y, bajo sus esquinas, se agrupan los detalles de los soportes. La alternancia entre huecos abiertos y muros sólidos da a la torre un ritmo medido mientras asciende. Es un edificio compacto que se puede leer desde fuera, distinto de las salas y los patios que se extienden por el recinto del templo.



