El Museo del Servicio de Bomberos expone una bomba manual fabricada en China en 1908 y otra británica de 1877. Sus fechas y procedencias convierten ambas máquinas en algo más que equipo antiguo: muestran que combatir incendios dependía de herramientas que exigían un esfuerzo humano coordinado. Una bomba manual necesita agua, personas y una acción mecánica repetida antes de poder lanzar un chorro hacia el fuego.
Según la Oficina del Servicio de Bomberos, las salas principal e interior reúnen más de quinientos objetos en unos 350 metros cuadrados. Bombas, uniformes y otros equipos sitúan el oficio dentro de una historia más amplia del servicio público. Una herramienta se entiende mejor junto a las personas que debían manejarla y los edificios a los que prestaban servicio.




