La calçada portuguesa forma parte del pavimento de las plazas y calles de Macao. El Instituto para los Asuntos Municipales afirma que seguirá manteniendo este empedrado tradicional y utilizándolo en espacios y recorridos públicos. La superficie pertenece al diseño cotidiano de la ciudad: la gente la cruza cuando hace recados, se detiene en las plazas y la sigue de un barrio a otro.
Al caminar, el pavimento se convierte en un campo visual continuo bajo escaparates y fachadas. Da a una plaza una superficie reconocible y lleva el mismo lenguaje material a las calles próximas. El dibujo no queda limitado a un solo monumento: aparece en los espacios públicos por los que se mueve la gente.





