Una placa con el nombre de una calle es uno de los objetos públicos más pequeños de Macao. El reportaje gubernamental sobre toponimia señala que hay unas cinco mil placas repartidas por la ciudad. Cada una ayuda a orientarse, pero los nombres chinos y portugueses juntos hacen algo más: muestran que una calle pertenece a más de una lengua a la vez.
A la altura de los ojos, ambos nombres comparten un espacio reducido. Las letras romanas y los caracteres chinos no son un adorno alrededor de una única denominación oficial: los dos identifican el mismo lugar. Para los residentes, esta combinación es práctica. Para el visitante, es una introducción visible a las capas lingüísticas del espacio público de la ciudad.




